Cómo reconocer el pantallismo, la adicción al celular que altera la salud mental de los niños y adolescentes

08/12/2024

El sistema nervioso de los chicos está en pleno desarrollo y los expertos advirtieron que la exposición prolongada al teléfono móvil y redes sociales, afecta su maduración emocional. Cuantas más horas se sumergen en el mundo virtual, mayor es su desconexión con los vínculos reales

La época más globalizada y conectada que hemos conocido como humanidad encierra una gran paradoja: asistimos a la “era de la desconexión” de los niños y adolescentes, jóvenes que sumergidos en el mundo virtual por tiempos cada vez más extensos, pierden el contacto con el mundo real, lo que afecta las amistades, los vínculos con sus pares y familia.

Lo cierto es que el impacto de la adicción a las pantallas se manifiesta de manera alarmante entre adolescentes de todo el mundo. Las redes sociales, el contenido en línea y los videojuegos no solo capturan la atención, sino que reconfiguran hábitos, relaciones y hasta la percepción que los jóvenes tienen de sí mismos.

El término pantallismo se refiere a la adicción a las pantallas de los dispostivos digitales, un fenómeno creciente entre los adolescentes que se caracteriza por el uso excesivo de redes sociales y videojuegos en línea. Este comportamiento, impulsivo y prolongado, perjudica su salud física y mental, así como sus relaciones familiares, sociales y académicas.

Consulta de Infobae a seis expertos iberoamericanos de distintas disciplinas, la psicología, la psiquiatría, la psicopedagogía y la sociología para profundizar explican un fenómeno que se aceleró en la postpandemia.

Los especialistas remarcaron en que el abordaje de la adicción a las pantallas es tan complejo como tratar adicciones a sustancias o trastornos alimenticios, pero la recuperación es posible. Y resaltaron un aspecto fundamental: la prohibición no es el camino, la clave para padres y escuelas es acompañar a los chicos, enseñarles a utlizar el móvil de una manera saludable y no compulsiva, sin convertirlo en sustituto de las relaciones sociales reales.

En junio de este año, la máxima autoridad de Salud de los Estados Unidos, el Cirujano General Dr. Vivek Murthy, propuso colocar etiquetas de advertencia en las plataformas de redes sociales, alertando sobre su asociación con daños en la salud mental de los adolescentes. Según declaró en un ensayo publicado en el New York Times, “la crisis de salud mental entre los jóvenes es una emergencia, y las redes sociales se han convertido en un importante contribuyente”.

Como detalló Infobae, el doctor Murthy alertó sobre las consecuencias del pantallismo: “Los adolescentes que pasan más de tres horas al día en las redes sociales se enfrentan al doble de riesgo de síntomas de ansiedad depresión. Además, casi la mitad de los adolescentes dicen que las redes sociales los hacen sentir peor con sus cuerpos”.

En 2023, Infobae impulsó la serie #ModoSeguro, en colaboración con Google, Unicef y Clubes TED-Ed, para explorar las claves para un uso responsable de la tecnología. La iniciativa dio herramientas útiles para medir el tiempo dedicado a los dispositivos y consejos personalizados adaptados a cada caso.

La relación con la tecnología es única para cada individuo, cada dispositivo y aplicación dispone de herramientas que permiten a los usuarios decidir cómo y cuánto quieren interactuar con la tecnología. Preguntas como “¿Pierdo la noción del tiempo mientras uso mi teléfono?”, “¿Reviso de inmediato si el dispositivo vibra o emite algún sonido?” o “¿Me distraigo con el móvil en reuniones familiares o con amigos?” invitan a reflexionar sobre nuestra interacción con estos dispositivos.

La propuesta de Infobae subrayó la importancia de desarrollar hábitos saludables frente al creciente protagonismo de la tecnología en nuestras vidas, especialmente con la aparición de la Inteligencia Artificial, que redefine el entorno digital.

Fomentar espacios ajenos al ámbito virtual y preservar la salud mental deben ser prioridades esenciales, para los jóvenes y los adultos.

El bienestar digital, definido como el equilibrio en nuestra interacción con dispositivos y aplicaciones, se convierte en un tema central de la salud mental de las nuevas generaciones. Aplicaciones populares entre los centennials, como Instagram y TikTok, demandan una revisión consciente del tiempo que les dedicamos.

“La pantalla era mi extensión”

En ese sentido, la iniciativa #TenemosMuchoQueDecir de la ONG global Aldeas Infantiles SOS, también incluyó el uso de la tecnología entre las grandes problemáticas que afectan a los adolescentes y su salud mental. Uno de los episiodios mostró a Max, un adolescente de 15 años que, tras ser absorbido por el pantallismo durante el encierro, decidió someterse a una terapia para retomar el control sobre su vida y lleva 8 meses en rehabilitación. Su historia, junto al testimonio de la gamer Tania Santana y del psicólogo Jordi Royo, mostró de cerca hasta dónde llegan los peligros de estar permanentemente conectados.

“Durante la pandemia, la pantalla era mi extensión, y ahora estoy en un proceso para reconectar con mi vida. Me acuerdo de pasar hasta 10 horas jugando en la consola de juegos, comiendo y cenando en la habitación, completamente aislado”, contó el adolescente a Aldeas Infantiles SOS.

Uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes tiene adicción a las pantallas, pudiendo desarrollar falta de atención, desorientación, trastornos de conducta o falta de autoestima.“El mundo se divide en dos partes: antes de los teléfonos inteligentes y después, cuando realmente hemos tenido, entre comillas, una pandemia de chicos y chicas enganchados a las pantallas”, describió el licenciado español especializado en adolescentes y director de la clínica de rehabilitación Amalgama 7.

Cuál es el efecto de las pantallas en el cerebro

La profesora Rosario J. Marrero Quevedo, especialista en Psicología y directora académica del Máster en Psicología General Sanitaria de la Unversidad de la Laguna, Tenerife, España, lideró un estudio de meta-análisis que revisó 21 investigaciones sobre los efectos en el control cognitivo de la adicción a internet y al teléfono móvil.

Ante una consulta de Infobae, la profesora Marreno Quevedo señaló que la investigación “encontró que había un deterioro en el procesamiento de la recompensa (concretamente, en áreas cerebrales como el córtex cingulado anterior, la ínsula y la amígdala). La amígdala es el principal centro de control emocional. Sus conexiones no sólo producen una respuesta emocional, sino que también intervienenen la inhibición cognitiva. Además, la ínsula permite la integraciónde la emoción y la cognición, por tanto, las anomalías en esta región pueden provocar un deterioro de la autoconciencia y de la regulación de las emociones”.

“En adolescentes con adicción a internet se ha encontrado -describió la investigadora- una mayor sensibilidad ante las opciones de ganar mientras que disminuye la sensibilidad a la pérdida, de ahí que continúen abusando de los dispositivos tecnológicos a pesar de las consecuencias negativas”.

Según explicó, el uso excesivo de dispositivos tecnológicos genera problemas atencionales y emocionales, que incluyen baja tolerancia a la frustración, déficit en la capacidad atencional, escasa disciplina, y deterioro en habilidades como la caligrafía, ortografía y comprensión de textos.

Las áreas cerebrales afectadas incluyen el córtex cingulado anterior, la ínsula y la amígdala, fundamentales para la integración emoción-cognición y el control emocional. Estas alteraciones generan una mayor sensibilidad a las recompensas, disminuyendo la percepción de las pérdidas, lo que fomenta un uso compulsivo a pesar de las consecuencias negativas. Además, las funciones ejecutivas, asociadas a regiones como la corteza dorsolateral prefrontal y los lóbulos frontal y parietal, se ven comprometidas, dificultando el control atencional y la regulación emocional, elementos esenciales para una conducta adaptativa.

La profesora Marrero Quevedo destacó que algunos adolescentes son más vulnerables a desarrollar adicciones tecnológicas debido a características psicológicas como alta impulsividad, problemas emocionales o disfunciones familiares. En contraste, factores como la estabilidad emocional, la responsabilidad y un entorno familiar adecuado pueden actuar como elementos protectores.