05/02/2026
Es festival el más importante de música electrónica y se hace en San Martín de los Andes. Varios de los djs más conocidos, nacionales e internacionales, pasaron por allí. Una particularidad: se realiza cuando hay luna llena.

La historia de Walüng podría resumirse como un gesto mínimo que, con el paso del tiempo, se volvió gigantesco. Cuatro fanáticos de la música -algunos que viven en San Martín de los Andes, otros en Buenos Aires-, una mesa, un mantel y apenas 200 personas. Así fue la primera edición, según recuerdan sus creadores.
Hoy, siete ediciones después, el festival de música electrónica más importante de la Patagonia convoca a más de tres mil asistentes, recibe figuras internacionales y se consolida como una de las experiencias culturales más singulares del país.
Siempre bajo una condición poética: Walüng sucede únicamente cuando hay luna llena. Y ese ritual volvió a cumplirse este domingo 1 de febrero en el imponente predio de El Desafío Mountain Resort, rodeado de bosque, montaña y aire puro. Un escenario natural que no funciona sólo como marco, sino como parte esencial de la propuesta.
La edición 2026 tuvo un condimento especial. Originalmente prevista para el 30 y 31 de enero, debió reprogramarse a una única jornada el domingo 1 de febrero, de 13 a 01, luego de que la provincia de Neuquén emitiera un decreto por condiciones climáticas adversas. Las lluvias, lejos de empañar el ánimo, fueron bien recibidas por la comunidad, atravesada desde hace semanas por incendios forestales de gran magnitud.
Más de doce horas de música, naturaleza y experiencias
Desde temprano, miles de personas comenzaron a ingresar al predio para vivir una jornada de doce horas ininterrumpidas de música electrónica, con un line up de jerarquía encabezado por el inglés Sasha y el alemán Patrice Bäumel, acompañados por el talento local de Darío Arcas, Leandro Fresco, Marcelo Vasami, Rocío Portillo y Yuco.
La apertura estuvo marcada por un clima relajado a pesar del calor, con reencuentros y expectativa. Grupos de amigos ingresaron al evento con todo tipo de vestimentas (algunos más al estilo Coachella, otros más conectados con la naturaleza); otros recorrían los distintos sectores del lugar y muchos buscaban ubicarse estratégicamente frente al escenario principal. Con el correr de las horas, la pista fue creciendo hasta convertirse en una ola de amantes de la música electrónica bailando bajo el cielo patagónico.
“Somos cuatro amigos, venimos manejando desde Mar del Plata. Hace poco empezamos a hacer nuestro propio contenido para YouTube y nos pareció un planazo venir a Walüng”, contaron jóvenes del proyecto OnTrip.
Una porteña, en cambio, agregó:“Venimos de Buenos Aires, nos encanta la vibra del festival, el ambiente, poder bailar pisando el pasto. No sucede en cualquier otra fiesta”.
“Soy de Neuquén capital. Es la cuarta vez que vengo, porque no hay otro evento de esta magnitud. Se baila, se disfruta, se ve la luna llena, es muy lindo todo. Y la gente está muy copada”, sumó otro joven de 28 años.
Walüng no se piensa sólo como un festival de música. Esa es, quizás, su mayor fortaleza. La propuesta incluye experiencias integradas que acompañan el pulso sonoro y enriquecen la vivencia del público: una cuidada selección gastronómica, frutas frescas, puestos de hidratación, make up artists y carpa mística con propuestas de tarot y reiki.
Cuando cae la noche, el predio se transforma. Las luces se combinan con la oscuridad del bosque y aparece un espacio de observación astronómica que invita a contemplar la luna llena. El cielo se suma como un elemento más del festival, en una integración poco frecuente dentro del circuito electrónico.
Un festival que no hace oídos sordos a la tragedia
Además de su impacto cultural, Walüng demostró ser una plataforma concreta de ayuda. La totalidad de lo recaudado a través del estacionamiento pago fue destinado a los Bomberos Voluntarios de San Martín de los Andes, en apoyo a su labor esencial frente a los incendios forestales.
Gracias a la contribución de los asistentes se recaudaron 16 millones de pesos, fondos que serán utilizados para fortalecer el trabajo cotidiano de los cuarteles voluntarios, en un contexto que demanda cada vez más recursos y respuestas rápidas.
El dato no pasó inadvertido entre el público. En un fin de semana atravesado por la preocupación ambiental, el gesto solidario sumó una capa de sentido a la experiencia: bailar también puede ser una forma de colaborar.
La experiencia se extiende más allá del festival
Como novedad en esta edición, el festival amplió su universo con una agenda especial de actividades desarrolladas a lo largo de la semana en distintos escenarios naturales de San Martín de los Andes: torneo de golf 36 hoyos en Loi Suites, torneo de polo en El Desafío Mountain Resort, caminatas ecológicas para limpiar el lago, trekking, cabalgatas y mountain bike.
El festival, además, funciona como puerta de entrada a la ciudad. En el avión de ida viajaban numerosos -y extasiados- pasajeros que comentaban que su plan incluía quedarse varios días para recorrer la zona.
Entre las actividades más elegidas aparecen la excursión en barco a Quila Quina, los distintos miradores y senderos como Mirador Bandurrias –ubicado en tierras mapuches, con un valor de acceso de diez mil pesos por persona- y un circuito gastronómico que combina cocina patagónica clásica y propuestas contemporáneas.
La trucha patagónica se luce en Merken, uno de los restaurantes más buscados del centro. Para quienes prefieren sabores orientales, Pantera es referencia en sushi. Y un clásico infaltable es la histórica Casa de Té Arrayán, famosa por su pastelería artesanal y vistas privilegiadas.
Un anuncio que mira al futuro
Durante el festival se realizó uno de los anuncios más esperados: en mayo de 2027 habrá una edición de Walüng en Japón. La noticia se presentó a través de una carpa temática con información detallada y venta de merch alusivo, lo que generó sorpresa y entusiasmo entre entre los fanáticos del evento.
El camino para llevar el festival a la otra punta del planeta no fue de un día al otro. A lo largo de sus ediciones pasaron referentes de la escena nacional e internacional como Nick Warren, Satoshi Tomiie, Øostil, Mariano Mellino, Sepha y Vasami & Rada, entre otros.
Detrás del proyecto hay una visión artística clara y sostenida en el tiempo: está la mente y la curaduría de Oliverio Sofía, Leandro Fresco, Nicolás Urquiza y Sergio Ochoa, esos cuatro amigos que se animaron a emprender un poco antes de la pandemia.
De aquella mesa con mantel en el pasto a un proyecto con visión internacional, Walüng crece sin perder su esencia. Música, naturaleza, comunidad y conciencia ambiental conviven en una fórmula que, edición tras edición, confirma que en la Patagonia también se escriben algunas de las páginas más interesantes de la música electrónica argentina.






